Uno lee para… La verdad es que hay miles de respuestas posibles, van y vienen de acuerdo al momento en el que uno se lo pregunta y lo quiera contestar.

En las últimas tres semanas he leído buscándome, pero vaya que me he escondido bastante bien, sospecho que tardaré varios libros hasta que me aparezca. Inicié mi propia búsqueda leyendo dos obras de dos escritoras mexicanas que me han dejado aturdida.

La primera es Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor, una historia muy impactante: el asesinato atroz de una “bruja” contextualizado magistralmente, por la cotidianidad de un pueblo sumido en la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución. Donde la corrupción y la pobreza son el común denominador; alimentados por la falta de oportunidades y un gobierno coludido por las mafias.

El desarrollo psicológico de los personajes es genial, Fernanda teje diálogos internos que entrelaza magistralmente con narraciones en las que descansa las situaciones traumáticas que se viven al largo de la historia. El suspenso se mantiene de inicio a fin, la tensión incrementa a partir del último tercio de la historia y después queda en calma tras la ultima frase del libro.  Me gusto, me gusto.

La segunda novela que acabé de leer hoy es Casas Vacías, de Brenda Navarro. Una historia sin descansos. La encontré de manera fortuita y ME ENCANTÓ. Me dejó apachurrada: me llegó profundo.

Desde que leí La ridícula idea de no volver a verte y Hablar solos, las ausencias irreparables, han sido una constante en mi cabeza, quizá porque ahora tengo ausencias que me han hundido el alma.

La historia posee un ritmo muy acelerado, que se puede interpretar como la desesperación que sufren las dos mujeres que protagonizan la historia causado por los dos hilos conductores:  la desaparición de un hijo y el deseo obsesivo de ser madre. Casas Vacías es una historia que narra de forma paralela la vida de estas dos mujeres, el relato es sumamente emocional, contextualiza la situación actual de miles de madres que viven con la esperanza de encontrar a sus hijos, el desasosiego y la frustración ocasionados por la imperante necesidad de una maternidad implantada moralmente y la situación actual de las mujeres en la vida social. Es una novela avasalladora.

Me encantaría decir que son dos novelas distópicas pero no es así.